Un paseo por la desgracia ajena
Hace 9 años

Pierdo la vida, nada de ganármela. Mi oficina son las calles y mi máquina de escribir es el montón de desechos que las personas arrojan diariamente en cada esquina, con sus brazos y sus bocas. Perdidas y huérfanas de dueño, poco antes de morir se hacen libres, cobran una libertad infinita que les hace brillar a escondidas de sus ignorantes progenitores. En ese momento salgo de mi pecera, les atraigo con el brillo de mi nariz y con el filo de mi rabia las arranco para siempre en ese estado de último éxtasis premortem. Y las hago mías. Y después del mundo entero. Las calles me hablan, tanto a veces que me dejan sordo y me hundo en mi pecera sin resolución.
damas y caballeros, ladies and gentlemen, mujeres con ansias... Payaso Pez informa: por un día mis neuronas tienen motivos para alinearse y hacer la ola eléctrica, provocándome fugaces momentos de felicidad. Y es que el Cuarto Incierto rebosa orgullo. El próximo domingo 1 de junio, de 12 a 14:00 María Cutter (alias Castrejón) firma su ensayo ...que me estoy muriendo de agua en la feria del libro, en la caseta 78 de la Librería Berkana. Durante la presentación del día 28 no nos lo pudimos pasar mejor. La señorita Castrejón y el resto de invitados hicieron pasar un buen rato a los numerosos asistentes. Libertad Morán tiene opinión parecida. Al acabar, leimos el poema de las horas radicales feministas... ¡y el publico se llevó todas las copias que dejamos! Por ese motivo, porque nuestro ego se ha hinchado peligrosamente, hacemos una pequeña 2ª edición de poemas para repartirlos durante la firma, junto a los ejemplares vendidos.


Me enderecé, dolorido. Había olvidado que pelé un plátano y lo mastiqué. Lo dejé, me levanté, lo pisé y me caí rodando. Estúpido plátano, estúpido Payaso, estúpido hambre sin saciar. Todo podrido, el fruto, mi mente, el ambiente, y mis sentidos, abotargados. El golpe me hizo sentir más vivo, pues hay días en los que lo único que me recuerda que no me han enterrado es que aún sufro, aún sangro y me quejo. Pero pasan los minutos y los minutos son los únicos que pasan. Cierro los ojos, y duermo, y si el hambre me despierta, como lo primero que veo... mira, un golpe de suerte, un platano tirado en el suelo a medio pelar, y aún le queda un buen pedazo! ¡Quién será el idiota que desperdicia lo que yo suplico por hallar!
El día que exploté mis pertenencias y experiencias se esparcieron y todo quedó del revés. ¿Y cómo vivo yo ahora? Si no sé para que sirve la vida, si no sé para qué sirve la moda, si no sé para qué he muerto en vida si no encuentro una tumba. ¿Quién, quién recuerda quien fui? ¿Quién me va a ayudar a encontrar el descanso, ya sea vivo o muerto? Vacía, tirada en la calle, boca abajo y oxidada, podía ser una sartén, podía ser mi alma.
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