ensillado

Esta es vieja. Tantas tardes y noches. Y mañanas. Y días. La eternidad era una de mis compañeras más fieles. Me sentaba cuando me sentía liviano. Era una silla que aguanata poco peso. Cuando el paisaje cambió, mis piernas y las suyas se vinieron abajo.

esquelética memoria

De de básico os puedo contar cosas. Que a muchos les arrancaron la cabeza. Cortar no, arrancar, que es aún más salvaje. Y los brazos, y las piernas, hasta que se cansaban y se iban a fumar y a comer lo que habían robado. Quedan muchos huesos. Es tan extraño, tan lejano, tan irreal. Parecen de plástico, me dicen hola, qué hay, ¿yo? No, yo siempre fui un esqueleto, no te preocupes, aquí no se cometió ningún crimen. Pero me acuerdo, a pesar de que pocas cosas quedan que lo identifiquen como el lugar donde lo perdí todo o casi. No sé si es un sueño y se he sido capaz de viajar hasta aquí. Por si acaso es verdad que estoy, disparo, con la cámara. con lo único que disparé siempre, menos una vez.

rueda detenida

Sólo se mueve a base de patadas. Caída, detenida cientos de lagunas de mi mente atrás. La rueda del carro en el que arrastro todas mis fotos se sale del eje y gira inestable hasta decir aquí me quedo. Suspiro, mi única forma de respirar. Flash. No es la Polaroid sino un algo que me recorre la médula hasta llegar a mis ojos. Gritos, una pelea, docenas de ojos infantiles. Les digo que corran y que se escondan, pero el acero es más rápido que los huesos. Mi nariz de payaso se vuelvemás roja que nunca. Y ahora qué, de qué ha servido tanto esfuerzo. Busco a mi amigo, tengo que avisarle. Su coche está en el ala norte, tiene que seguir aquí. Me fijo en el detalle de las ruedas pinchadas. La puertas abiertas. Un cuerpo que cae desde el interior hasta unos cabellos que ocultan un rostro hundido en el suelo.

vigilia



sombras
+
clavos
+
palabras
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ánima otoñal

en mi espalda sopla
en mi oido conspira
mi pesadilla despierta
el fuego frío de la soledad


detrás de un sueño
andan escondidas 70 pesadillas

tabaco viejo

Soy material anticuado, dañino, abandonable en una esquina de lo intransitado. Voluble, soluble, presindible e intangible. El cáncer de la codicia no rasga mis cuerdas vocales, no soy adicto a ningún vicio. Creo que antes bebía, pero no para olvidar. Pero ahora no sé si quiero recordar. Dadme fuego, que no ardo. Creo que yo frecuentaba el bar dónde esta máquina exhalaba últimos suspiros a cambio de pesetas. De nuevo lloro, de nuevo lo único que puede calmarme es dormir, dormir sin soñar, sin ni siquiera llegar a dormir. Me apoyo en el cacharro y pienso, ¿y si me confunden con un desperdicio y se me llevan? No, espera, no pueden confundirme, lo soy. Eso sí lo tengo claro, un desperdicio, de lo que era. ¿Pero qué fui? Las colillas ya no humean, no sé de qué marca soy. Alguien, o algo, me apretó muy fuerte contra la tierra.

afloja y estira



me aferro a tus costillas
a sabiendas que a duras penas
escapé como un diminutivo,
como una musa de palo y glicerina,
como un sórdido zumbido;
tus miedos me vistieron
la diástole, la sístole,
con el pánico de estar ido
en los suburbios del olvido



percha incierta

Desnudarme entre farolas y bolardos, pese al frío; los grados centígrados y mis pensamientos me pesan más que mis ropas. Que el que lo necesite lo tome, por mi prefiero el viento en la espalda, aunque me empuje contra un muro hecho de pedruscos afilados. Las heridas de la carne son un alivio para las heridas del alma. Nado en la noche, me siento mejor, porque todo ocurrió de día, si mi memoria me falla lo justo.

poema inmigrante de las horas radicales

mis pies se cansan, la tierra que pisan no para de moverse
dame la mano, ayúdame a sentir que estoy sentado
en las mañanas de asfalto dilatado
y en las tardes de cielos saturados de naranjas
todos tenemos la misma sombra y la misma gran madre
y dos pies para avanzar
quizás sin avanzar, pero alejándonos, como señuelos
he vaciado mi mochila
sólo una botella de agua tengo
y dentro, un mensaje ahogado, un boomerang partido
en mi casa no saben que me he ido para no volver
un tupper de sueños congelados sueña dardos de sol on the rocks
sueños tan antiguos como el grito y la lluvia
no sabéis cómo anhelo acabar con la ignorancia
de los que desconocen el origen de la luz más blanca.
*Publicado a propósito de el III Foro Social Mundial de las Migraciones, del 11 al 13 de Septiembre de 2008, en Rivas (Madrid).

baño seco

Nu logré huir. No sólo eso, además ahora estoy sucio, y nadie me tocaría para quitarme la mierda mundanal, ni para curarme las heridas bajo las escamas. Me vouelvo triste y loco. Me embadurno de yeso en vez de asearme. Seré una estatua. Seré un fantasma. seré otro, si mi pecera no me delata. Que no me da la gana enfrentarme a nada. Que me quiero volver transparente. Hace calor, me pica todo. en unas semanas me habrá escupido tanta gente que volveré a estar limpio, pero no aguanto tanto tiempo. Mi casa< está seca, la calle me quema, y corro gritando, dejando una estela blanca. Intentan detenerme, pero les ciego lanzando el polvo que desprenden mis brazos al agitarme como un poseso. Cada día estoy peeor. La lucidez me mata, y mi locura me acabará matando también. El pasado me visita en caulquier despiste. El futuro no existe. el presente es un hilo al que no me puedo aferrar. Sólo sé una cosa: necesito un baño de verdad.

poema de las horas radicales veraniegas

grietas en los pies
un corazón a punto de explotar, una mosca
patina sobre la lava
recurre al viento casi extinto, sofocante
vuelve sólido el vómito y vuela
mientras la temperatura se hace orgánica
la humedad se hace de sexo
y la sangre se dilata y se contrae
avanza el hambre, engulle el presente
habito donde todavía no ha llegado la arena
lejos de tu cuerpo mojado
y con miles de kilómetros de ganas

amnesia de los días de olas y playas infinitas
espacio inquieto por lamer la distancia
que nace desde mis ojos hundidos hasta un perdido corazón

azul noche ¡lámeme
las grietas, humedece
el salitre de mis párpados!

rejilla de salida

¡Por Polaroid! Una salida. De un salto repentino escapo de mi burbuja de cristal y... quedo encajado. Me ahogo, la libertad tan cerca y la muerte aún más. Nadie parece querer ayudarme, ni un alma, ni una risa o un llanto por mi situación. No merece la pena gastar energías en moverme en ninguna dirección. Pienso en quedarme ahí, hasta desnutrirme, y así tal vez, cruzar la salida, puede que siendo un horrendo cadaver.