Díptico de un Secreto

Secreto

Vivo como una perra.
Vivo con un perro.
Un cazador de árboles y calendarios
un titán que me espera en cada esquina,
vivo con el molde de una bestia que
me hace olerme a cosa y
beberme el ruido de la culpa.
Vivo con el hijo de la piedra más
muerta.
Vivo en mi pecho vacío
una agenda de abandono y
la melodía de cada día me parte
en dos.
Nada puedo hacer.
Nada puedo hablar.
Cada vez que me lava la memoria
guardo silencio, busco mi falta de
virtud.





Mensaje para el perro

Tengo un as guardado en la manga.
He crecido en el hueco y en el aire de tu boca
y he convertido cada luna en mi tribu.
Con movimiento muy lento
avanzo por la arrugas y me pinto el pulso,
mi cuerpo, está dibujado por el mantra
habitante de mi bañera.
Sí, sigo siendo frágil y fugaz.
Sigo siendo repentina
y misteriosamente mágica.
Sigo pisando el suelo que tú has roto.
Y sigo
sigo
sigo
porque un día, crujirás bajo la ducha
y te irás…
con el pene en la mano.

acupuntura


siete agujas son el remedio para los heridos graves
la primera se clava en el centro del pecho
las otras seis van siguiendo el mapa
que traza en mi piel el dolor
recupero la respiración
el aliento

y mi sed anuncia que sigo viva

biopsia



nada que hacer, es el discurso de las cosas
perversos tristes para el almanaque humano
tu voz, antaño dulce y filarmónica
se ha apagado colorantes de tiempo

largos caminos de hormigas de pan
te vieron conducirte con Don Aire
acercándote suculentamente
a las colas del mar, que es infinito

eras sólo un niño de ardientes cariados con un álbum
de cromosomas bajo el brazo
estornudos ciegos en las zapatillas
y los cojos protagónicos y taciturnos

en tu mundo de viciosos pandas y alegatos persas
mirlos de balas rojas y naves palmípedas
almorranas croaban al compás de los camastros
en un firmamento destilante de bovino instinto

calculabas metros púbicos de cielo
mientras bandadas de feldespatos
describían tu vida como un juego de bazar
apostada en inmoral partida de hacendados

langostas calles ahora embarazadas
de soledad, como insidiosas del Olimpo
recuerdan tus daños bisiestos, tu piedad de oro
cuando te daba por vivir calibre de culpa

hoy, maduras penas el crisol se asoma a vernos
celeste y oeste compinchados para retenerlo
viejos esfumando en esquinas solitarias
y adheridas de muerte que cauterizan la piel fría

cenizas de carnaval

Lo que una vez fue viento
hoy es silencio
lo que fue agua
hoy sólo sed
bajo los pies
una vez fue tierra
lo que hoy me trae de cabeza
es ceniza
lo que una vez fue fuego:
ceniza de Carnaval.

Una cruz de polvo gris
sobre la máscara más cara
cara o cruz
tiré la moneda al aire
y nunca más volvió.

colofón al himno de los estorninos


ahora pagarías por volver a la maleza
a tu nido de salvaje polvo, telarañas y papeles muertos
quisieras instalarte en un rincón y enmohecer
junto a las telas rotas y a los restos de tu otrora vida

y aunque el cielo desfleme día y noche
sigue siendo el mismo: caudillo impávido e implacable
y estos cimientos que apenas resisten
serán historia con el despunte odioso del invierno

porque acuérdate, me digo, que la ciudad
te ha visto siempre como un peón herido y apenado
te ha esculcado —como al cadáver de un pelele—,
con sus fórceps fríos y oxidados

¿y qué ha encontrado?, me respondo
frágil osamenta apenas humeante de tan derruida
jardines con recuerdos aplastados y molidos
líquido vertido en dosis de inquietud y turbulencia

espacio entre las nubes

espacio entre las nubes es espacio contraelcielo
espacio contraelcielo es espacio creativo
espacio creativo es espacio entre las nubes



luzazul




Si te miro a ti no veo mi sombra

y decido disparar mientras te miro

a-rriesgo de perder en el intento...

luego gano.



Detrás, luz azul definiendo sombras
del azul aproximado
perfilada luz guillotina contra el negro que no es negro
recorte de sombra que no es sombra.




Si te miro a ti me estoy perdiendo el cielo

no demores más, dispara

¿qué tienes?: a mí, nuestras sombras...



si a mi me tienes, no te tienes tú.

donde reviente


ahora más que nunca quiero buganvillas, rostros petisecos de libros asesinos, bostezos a la inversa, un silbido que se escape de mi sueño, que cebe mucho el unicornio en la cínica espesura de tu vigilia moribunda. ahora más que nunca quiero modelar tu sombra quieta, tus pómulos raídos, y que se lleven tus pisadas, tu calamar de hipocresía. anhelo candelabros, cubrecamas con olor a savia muerta, una onza de crueldad para tu vida



intento de huida

Habíamos pintado un coche con muchos colores, era un llamativo cacharro en medio de la nada. No funcionaba, pero los niños fingían conducir. Daban vueltas y frenaban riéndose. Respetaban las señales. No podíamos dedicarle más de una hora a nuestro juego porque aunque el coche era pequeño, mi amigo y yo nos acababamos cansando de jugar, empujándolo, sudorosos, y las duchas tampoco funcionaban muy bien. Le habíamos puesto nombre, Lacosaconruedas. Lacosaconruedas no entendió por qué un día los niños desaparecieron y yo me volví loco intentando reparar el motor, porque el resto de vehículos habían sido saboteados y quemados. Y un día aparecí en el pueblo más cercano, exhausto y sin casi poder hablar, montado en Lacosaconruedas, pintada de cien colores por cien niños, con palabras sueltas en áarabe, castellano y en inglés y preguntando si sabían algo de algún niño, de algún superviviente, de algo, y por favor, dadme agua porque no se me entiende y me voy a desmayar. Cuando vi el cochecito mal aparcado y abandonado, decidí montarme en él y bajar riendo como un loco cuesta abajo por la carretera. Le hice una foto para poder seguir recordando cada vez que rebuscara en mi álbum particular. No era Lacosaconruedas pero al verla me entraron muchas imágenes a mi cerebro y sed a mi garganta. Y Nut, Así se llamaba una niña que conocí, y le expliqué que tenía nombre de diosa egipcia, aunque ella no conocía Egipto ni sabía nada, tal vez sus padres a los que perdió. Allí no conocía a nadie qu no hubiese perdido algo. Lo último que creo que perdí yo fue la cordura, y todavía ando buscándola. Rodé cuesta abajo subido en el cochecito, y por suerte cuando el muro de la curva me detuvo no me hice mucho daño, e incluso tal vez cuando dejé de reirme recuperé algo de cordura. Pero no toda, mi pecera de cristal seguía conmigo.

a J.C. Mestre y sus Dones



















A la sombra de mi padre contemplando la luna, una cabaña en el bosque
El Arca de los Dones -J.C. Mestre

Aclara el día un vagón de ojos
de esos ojos tomo buena nota
se refieren al sueño, uno a uno los veo
sometida a mi narcosis.

En lo que dura un trayecto
elevo mi amor.
Reparto dones
bajo el signo del arrebato:

Daré a los que quieren más de lo que la tierra ofrece
lo que compra el oro de los esclavos
al que saldó sus manos por pan y tiene hambre
el fenómeno reproductivo de los peces
un Ave María cantado desde la trinchera
al que da vida a golpe de cadera en medio de la batalla.
A ella que era un chico con lágrimas de chica
le regalo el pintalabios del cosmos íntimo.

A los que dejan que su alma abrasada no arda
lluvia de ideas evocadas por poetas
la convocatoria diaria de Saturnalia
al que eleva su dignidad al cautiverio
a esos que se agitan en la inevitable trampa
la fe de Lucas 15 y el sí de lo que no es.
A Teresiña la asturiana
el anillo de plata del amado alivio de su vientre
y un descanso de inocente plata para los tres.

Al más formal, sometido y obediente
la mirada clavada del ángel
daré intactos labios cerrados
al que por lema estrecha la respiración
un alma mineral apagada como el faro
al pregonero del positivismo universal.
A los que cavan agujeros cuando aman
la líbido en hélice enajenada de Leviatán.

Al valiente de vanguardia que se pone a prueba
el abrazo de carbón y arena en la playa
al que buscó sobrevivir en la singladura del arte
el sexto océano oculto en la bombonera
a mis iguales que temen perder por querer
el amor escondido del Vals del Beso
y el rezo de "El Arte de Amar" de Ovidio.
Daré el primer aliento al coronar un ocho mil
a los que por ser buenos no saben que lo son...

y de todos los dones, me regalo a mi misma día y día
el recuerdo de mi padre secándome el pelo


la loba




Habito en un pantano
soy orgánica y corrupta
en mi dieta de recuerdos
no hay más sitio

Macero en el óxido
duermo en la copa de tres árboles
camino en caligrafía
prefabricada

En espiral mi retina
es azul hipnótico
mi cuerpo entero
flota para salvarte la vida

Mis caderas lunáticas
admiten vestirte salvaje
y subrayar la fealdad
con polvo de tiza antigua

Soy un animal más 
crucificado bajo la ducha blanca
que elige el invierno para morder
y despedaza la luz al despertar

Soy un animal más
de andares traumáticos.

Tengo un precio.

tenedor de nada

Era mi alimento, mi necesidad más antígua primitiva y olvidada. En una bolsa amarillenta tenía un tenedor sin restos de comida, las hormigas del tiempo lo habían dejado todo muy limpio. Pero anteriormente una mano amiga había compartido almuerzos en África con ese tenedor. Mi boca había sonreido, sus manos se habían portado bien con las mías... hasta había sujetado mi cámara polaroid cuando yo no daba abasto. Pero no sé por qué, su voz y su rostro se perdían en la distancia de los senderos abruptos de mi alma. ¡Payaso Pez, maldita sea, conecta, une cabos, junta imágenes con sentido de una vez! ¿Seré capaz? Me duelen los ojos, respiro mal, mi pecera se empaña... no, son lágrimas, y no sé por qué.

mi corazón hace clip

Al leerlo, sentí como si mi corazón se hubiera caído al suelo y no parase de hacer clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip clip... ¡Pero si había olvidado mi nombre! ¿Quién lo sabía y de qué mundo había vuelto para recordármelo?

flores viendo pasar gente

Encerradas como yo, me decían adiós a través de los barrotes. Bueno, tampcoo es eso exactamente, porque ellas estuvieron encerradas desde siempre, atrapadas en una maceta. No pudieron elegir y ahora les da igual estar en la ventana de una prisoón. Una jaula dentro de otra jaula mayor, pero con la pequeña tenían de sobra. Les dije adiós, e imaginé sus voces, o las ió realmente, no sé. O me estoy volviendo loco, o al tener cada vez menos contacto con la gente empiezo a entender al resto de seres vivos. Gracias a ellas sonreí un par de veces en la cárcel. No estoy seguro de quién me las puso ahí. digo me, porque en un papel, en tinta verde, ponía mi nombre.